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Muchas batallas ha visto este mundo, en ellas reyes han caído bajo la espada de sus rivales, mientras que los triunfadores se han llenado de riqueza y gloria. Los victoriosos permanecerán en la historia gracias a su poder y a toda su grandeza; a los otros la sombra de la derrota los cubrirá. Ningún reino escapa de la discordia. Ahora los tiempos de calma son difíciles de recordar en las tierras de As. El honor se encuentra en juego por tanta sangre derramada. No existe más opción que la guerra. Por eso hoy se empuñarán armas.
Dicen que
El deseo de poder es capas de corromper al alma más noble. El concilio de los reyes de las tierras de As es la representación fiel de este adagio.
Ahí donde se acordaría la paz permanente, la ambición corrompió de manera sigilosa a los reyes, lo que impidió llegar a un convenio. La avaricia y el egoísmo se antepusieron a la razón y de los labios de los nobles brotaron la discordia y la amargura. Como resultado del voraz desacuerdo cada comarca sintió la necesidad de asentar sus ejércitos en las fronteras para defenderse de sus enemigos.
La maquinaria militar empezó a crecer, se dieron las alianzas entre las comarcas. Álatas y Belnast se unieron en un solo ejército. Así mismo Dorsas y Élery imitaron la estrategia de sus contrincantes.
Largos años han pasado desde entonces. Ahora solo Clion y Foghills dividen a los ejércitos; solo la capacidad estratégica en estas tierras decidirá el desenlace.
Escrito por Paula Peraza Aguilar. 2004.
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